BYD ha comenzado a incursionar en los mercados exteriores con gran ímpetu desde 2022, pero en 2023 se ha topado con varios obstáculos. En marzo, medios japoneses revelaron que los autobuses de BYD contenían cromo hexavalente, violando normas de la asociación automotriz japonesa. En abril, medios británicos señalaron posibles riesgos de seguridad en los vehículos de BYD. En junio, tiendas de BYD en Hong Kong fueron atacadas con pintura roja y un vehículo impactó una de ellas. También en junio, Toyota lideró una resistencia colectiva de concesionarios japoneses contra los vehículos eléctricos, y la UE evaluó iniciar investigaciones antidumping y antisubvenciones a vehículos de nueva energía chinos.
Estos incidentes reflejan la creciente influencia de los fabricantes chinos, liderados por BYD, que están cambiando el mercado automotriz global. En 2022, China se convirtió en el segundo mayor exportador de automóviles, superando a Japón en el primer trimestre de 2023. La expansión de BYD se centra en el Sudeste Asiático, Medio Oriente, Sudamérica, Australia y Europa, mercados donde la presencia japonesa es fuerte.
El imperio automotriz japonés se estructura en tres círculos concéntricos: el círculo exterior (Europa, EE. UU., Sudamérica, Medio Oriente, Australia, China) donde compite con marcas locales; el círculo medio (Sudeste Asiático e India) donde tiene un monopolio; y el círculo interior (Japón) donde domina con más del 90% del mercado. Sin embargo, BYD está presionando en todos los frentes. En Israel, BYD es el quinto en ventas totales; en Australia, los autos chinos están ganando terreno; en Brasil, BYD planea una nueva planta; y en Europa, la penetración de vehículos eléctricos chinos está desplazando a los japoneses.
La clave para BYD es superar las barreras japonesas en el círculo medio e interior, donde la resistencia es más fuerte. Mientras tanto, en el círculo exterior, los fabricantes chinos ya están logrando avances significativos.